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C A R T A

DESAYUNO 

con 

D I A M A N T E S

1 de junio de 2022

Por Margo

Iba a empezar esta carta de otra forma. De hecho tenía pensada otra completamente diferente, pero se han sucedido tantas subtramas por en medio que no me siento muy en sintonía con la ‘Margo’ de mediados de mes.


Mayo se ha hecho eco de la misma frasecita: ‘Ya te llamaremos’. No me puedo quejar porque así ha sido e, incluso, varias veces. Sin embargo, antes de chocarme de bruces con la buena ventura he tenido que ponerme la vida en modo ‘SloMo’ y esperar "pacientemente" – el reloj me echó una carrera y yo iba segunda – a ser elegida. Por ello, a lo largo de estas últimas semanas mi pensamiento recurrente y ponzoñoso ha sido: qué rollo tener que esperar siempre a ser escogidx en lo que sea que busques o anheles.


“Y no se confundan, señora’ y señore’” que a mí me encanta poner la vida a cámara lenta. Prefiero que las comandas salgan ordenadas de cocina, por turnos y sin llegar a la mesa de forma atropellada. Ya sabes, lo que llega con prisa se va del mismo modo. Pero vaya, la vida a 960 fps cansa mucho también.


Aún así también me han sucedido cosas muy buenas, de ahí que este mes me haya parecido una montaña rusa llena de loopings. Hace un par de semanas comencé a trabajar haciendo fotos y escribiendo sobre joyas que, por ahora, mi bolsillo sólo me permite contemplar de cerca.


Mentiría si os dijera que no he fantaseado con emular la clásica intro de ‘Desayuno con diamantes’ y jugar a ser como Holly Golightly enfundada en un bonito LBD de Givenchy mientras escruta el interior de Tiffany’s a través del escaparate. Yo lo intento… aunque no me sale nunca, porque mis pintas por la mañana no rezuman tanto glamour.


Parafraseando a la musa e icono inmortal, Marilyn Monroe: "Diamonds are a girl’s best friend”. Los diamantes son minerales que se extraen directamente del núcleo de la Tierra y son piezas, podríamos afirmar, casi irrompibles. Jugando con las metáforas más ‘ñoñas’ y/o románticas, difícilmente le podrías romper el corazón al planeta. 


No me sorprende que Marilyn los tuviera en tan alta estima, pues son las ‘joyas resilientes’ por excelencia, una clara alegoría a la fuerza interior y un reflejo de nuestra luz más íntima que saber proyectar al exterior con vigor y brillo.


No es que yo sea muy urraca, si me permitís la expresión. No se me van los ojos a una hilera de pedruscos cada dos por tres, pero una ya tiene el ojo algo ‘entrenado’ y sabe reconocer lo que vale la pena cuando lo ve. Por cierto, fun fact, ¿sabías que sólo nos hacen falta siete segundos para saber si algo o alguien nos gusta? Será porque es el número de la suerte, supongo.


Aunque siempre lo he sabido, más recientemente, he ratificado que las verdaderas joyas no se llevan al cuello. La mayoría de las veces te llevan de la mano para que no te de miedo subir al ‘Dragon Khan’ y, sobre todo, que te puedas mantener en pie una vez te bajes puesto de adrenalina hasta las cejas.


Estas últimas semanas me he acobijado bajo el halo de personas que valen mucho más que todo lo que pueda reunir un puñado de quilates; los tesoros más valiosos que guardo en la caja fuerte de mi pecho.


Gracias por quedaros ahí durante estos treinta y un días – y todos los anteriores, obvio – por pulir los desperfectos de una mente peleona y soldar lo que tengo partido.

Por aguantarme en mis días de máxima angustia, desesperación y miedo a no llegar a tiempo a una fecha límite.

Por equilibrarme unos peligrosos niveles de impaciencia y quitarles hierro a unas arduas semanas de adaptación.

Por llevarme a mojarme los pies en sal y los labios en tequila.

Por sacarme a bailar los sábados hasta que mis pies - y unas dolorosas lentillas en activo desde tempranas horas de la mañana – me ordenaran ‘basta’.

Por mantener nuestros podcasts mañaneros - que ahora son vespertinos o ‘tarda-neros’ - porque es nuestra forma particular de matar los kilómetros uno a uno.

Por adornarme el cuello con amuletos compartidos para que siempre me acompañe la suerte y saber que velas por mí, igual que yo por ti. Aunque así haya sido desde hace muchos años.


Iba a empezar y terminar esta carta de otra forma, aunque, sin duda, esta me parece una mejor: busca y rodéate de personas “talla brillante que te reflejen su luz propia, regalándote un resplandor singular.


Porque “quien tiene un amigo, tiene un tesoro”, como reza el dicho y otra posible interpretación a las palabras de Marilyn.


Gracias por atracarme el corazón.

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