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C A R T A

P E D I R  un  DESEO

Por Margo

9 de marzo de 2022


Hoy, 9 de marzo, soplo nada más y nada menos que veintiocho velas.

El preludio, los tímidos avisos de que la treintena ya está cada vez más cerca y que mis alocados y felices años veinte están por acabar. Y creo que muy en consonancia con el día de ayer, el ‘Día Mundial de la Mujer’, vengo a abrir un melón que llevamos mucho tiempo intentando tirar por la ventana o, en contraposición, convertirlo en el recipiente de un rico cóctel que nos embriague de ciertas notas veraniegas.


Hablemos de la edad y de la absurda advertencia de “se te va a pasar el arroz”. Últimamente, estamos notando una abusiva y creciente ansiedad por hacer determinadas cosas antes de que se nos caduquen los veinte años. Especialmente, si eres mujer. Si llegas a los treinta, olvídate de vivir o ser feliz porque todo lo bueno se te ha quedado atrás. Así que, espero que hayas reunido un buen puñado de recuerdos a los que regresar en tus bajones de nostalgia. Ahora toca cumplir otras expectativas sociales.


Evidentemente, sí que es un período dulce. Época de continuos cambios - justo en el limbo entre la juventud adolescente y la adulta - es una abanderada del disfrute, la despreocupación y la experimentación. Es evidente que a lo largo de estos ocho años que llevo de veintena, he absorbido muchas lecciones de vida ya sea mediante las enseñanzas de otros como a través de todo lo que me he ido enseñando a mí misma. Y aunque es verdad que muchos de los mejores momentos de mi vida me los han traído mis veintitantos, - también los más agrios - estoy ávida de aprender todo lo bueno que mi treintena me está por enseñar. Aunque para ello tenga que esperar todavía unos 730 días desglosados en dos años.


El pasado fin de semana, celebrando una pre-fiesta de cumpleaños improvisada, me preguntaron por mi edad. Fue todo a raíz de decir que estaba celebrando mi cumpleaños por adelantado. Yo le reté a que adivinara cuantos cumplía - un clásico - y, no sé si sería por la profunda oscuridad de la sala de baile o porque de verdad tengo una cara muy aniñada, que ni corto ni perezoso me echó veintidós. Os juro que a pesar de la escasa iluminación, cuando le dije la respuesta correcta se le dilataron las pupilas de la incredulidad. Claro, mi interlocutor apenas tenía veinte. Un amigo me aplaudió mi skincare porque, al parecer, funciona.


Que todos queramos extender al máximo nuestra juventud, es una realidad. Deseamos mantenernos atléticos, fuertes y presumir de un rostro terso desafiando a la ley de la gravedad en nuestras pieles. La cosa es, ¿por qué huir de hacerse mayor? ¿Por qué nos apena si es una buena señal?


Nos acribillan a base de publicidad “engañosa”, ya que no hay crema a la venta que contenga la fórmula del elixir de juventud eterna. La madrastra de Blancanieves la habría patentado hace tiempo. Todos los anuncios que consumimos tanto en televisión como en revistas ponen al frente a mujeres que muy probablemente aún estén en sus veintipocos pero que, irónicamente, mediante hábiles técnicas de maquillaje tratan de sumarles años para que resulte más “creíble”.


Parece que una mujer debe luchar con mayor virulencia contra las arrugas, cuando, sin lugar a duda, hay cosas más importantes por las que ir en contra. Y ojo, lo dice una crema-holic. Pero seamos coherentes. Además, ¿veis cremas anti-arrugas para hombres en televisión? No, porque la arruga es sexy sólo si eres varón. Otra de las múltiples disparidades de género que apuntar a una lista que, de por sí, no es corta: la mujer debe lucir siempre perfecta tanto por dentro como por fuera – ojo, que ya lo somos - a los ojos escrutadores de quienes ni nos conocen ni nos importan. Y así ha sido desde siempre, aunque cuanto más viajamos atrás en el tiempo la cosa se nos pone más fea. Lo primordial es envejecer bien y con salud, sintiéndote guapa y segura de ti misma sin necesidad de sufrir una ansiedad desmedida por querer ocultar tu fecha de nacimiento.


Verse o considerarse ‘mayor’ a edades tempranas es una sintomatología que se acrecienta mucho más en mujeres, en gran parte, por nuestra condición biológica y niveles de fertilidad. Las mujeres somos más proclives a concebir y quedarnos embarazadas, así como a tener un embarazo seguro, durante nuestros veinte años y primeros treinta. Así que si quieres ser mamá, tus objetivos a largo plazo deberán ajustarse al resto de piezas del Tetris que van a ir cayendo, sin descanso, para terminar de completar el panel de tu vida. Así, si eres mujer trabajadora - afortunada, tú - que hace malabares para conciliar su vida laboral con la familiar y sentimental, dime tú de donde sacas tiempo para pensar ‘en críos’.


Yo ya me he puesto a hacer mis propios cálculos a pesar de que soy de artes y las 'mates’ nunca se me dieron especialmente bien. Sin embargo, la ecuación me dice que, en el mejor de mis escenarios, podría plantearme ser madre a partir de los treinta tres o treinta y cinco. ¿Eso es ser ‘vieja’? Según la ciencia, puede.


También siento que el Baby-Boom del que estoy siendo testigo en redes me abruma incluso más. ¿Se han puesto todas las influencers de acuerdo? La otra cara de la moneda expone a las mujeres que no quieren quedarse embarazadas y van saltando de excusa en excusa o justificación en justificación ante un aluvión de incesantes preguntas inquisitivas que aterrizan en su bandeja de entrada: “¿Para cuándo un nene?”. Paremos esto ya, por favor. Bastante tenemos ya con luchar por todo lo que tenemos que alzar la voz.


Ayer fue el 8M y aún habrá alguno que se cuestione el por qué de reservarnos un día para la conmemoración del ‘Día de la Mujer’. Primero, porque seguimos viviendo en una sociedad altamente machista para el siglo en el que estamos y todavía los hay quienes se llenan la boca con un “ni machismo ni feminismo” en plena era de la información y, aparentemente, también desinformación. Hay violaciones múltiples y acoso callejero en todas partes del mundo. Nuestras despedidas por las noches siguen seguidas por un “Avísame, cuando llegues”, como si fuera una muletilla pegada al ‘Adiós’ que te sale automáticamente y casi sin pensar. Así como, una brecha salarial tan amplia, que hay que sobrepasarla saltando de liana en liana.


Yo adoro ser mujer y no puedo evitar emocionarme ante ese sentimiento de sororidad que cada vez va ganando una mayor fuerza entre nosotras. Hay que dejar a un lado la tendencia equivocada que procura la enemistad entre mujeres cuando lo más inteligente es propiciar una alianza entre nosotras para hacer frente a las injusticias comunes que nos afectan tanto de manera individual como colectiva. Aquí estamos una para todas y todas para una. Asimismo, debemos acabar con el extendido malentendido de que esta lucha atenta, principalmente, contra los hombres. Nada más lejos de la realidad. Aunque esta es nuestra lucha, vosotros podéis actuar como nuestros principales aliados y ayudarnos a cambiar las cosas como sociedad. Como dijo Simone de Beauvoir, una de las figuras más importantes del movimiento feminista: “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”.


Hoy me toca soplar veintiocho velas y pedir un deseo. Si bien tengo tantos que no sé por cuál empezar, sé que haré extinguir la llamita con toda la fuerza que albergan mis pulmones para garantizar que se cumpla. También quiere decir que tengo los suficientes anhelos, esperanzas y propósitos como para poder ir repartiéndolos y lograrlos poco a poco a lo largo de mi - cada vez más - próxima treintena y todos los años que vendrán por delante.


Hoy voy a demostrarme a mí misma que todavía tengo mucho de lo que aprender y experimentar y que se puede ser igual de feliz que con veintitantos.

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